martes, 11 de febrero de 2014

LO CONFIESO

Hola a todos.
He de hacer en este blog una pequeña confesión.
Bueno, en realidad, es algo que todo el mundo sabe.
Soy una enamorada de las historias de época. No he negado nunca que mi primer amor literario fue el siglo XVIII. Pero adoro escribir sobre la primera mitad del siglo XIX.
Me siento especialmente atraída por la conocida como Época de la Regencia, por sus formas y por su moda a la hora de vestir.
Sí, soy una enamorada de los trajes de época.
Me gustaría mirar hacia atrás. Me gusta escribir sobre tiempos pasados. No me da miedo ir hacia más atrás. Hacia el inicio de la Humanidad porque pienso que los sentimientos nacieron con el ser humano. El amor... La alegría...La rabia...La pena...
Son sentimientos que nos acompañan desde la noche de los tiempos. Aunque nos costara trabajo ponerles un nombre, porque no sabíamos hablar, se ha experimentado esas emociones desde siempre.
El amor mueve el mundo desde siempre. Nos hace sufrir. Nos hace vibrar. Nos hace felices. Nos hace querer ser mejores personas.
La Historia avanza y llegamos a otros tiempos más fáciles de reconocer. El Imperio Romano...La Edad Media...El Renacimiento...El siglo XVII...
El siglo XX es una época muy rica por la cantidad de acontecimientos y de adelantos que surgieron. Cada década de este siglo significó algo en la Historia. No sólo por la moda...Ocurrieron cosas que nos han marcado profundamente.
Cosas que vale la pena contar.
Siempre que se investigue un poco para poder dar un marco creíble a una historia, se puede escribir sobre tiempos pasados. Puede ser pesado, lo reconozco. Aunque también puede tener su parte buena. De este modo, te enteras de cosas que no sabías.
Cuanto más hacia atrás se vaya, más hay que investigar. Y no siempre te lo pone fácil Google, porque muchas páginas pueden venir en inglés.
Confieso que no podría vivir en épocas pasadas. No podría soportar el vivir en una época donde la opinión de una mujer sea silenciada una y otra vez. Donde no pueda tener ni voz ni voto ni sobre mi cuerpo ni sobre mis sentimientos. Donde tenga que soportar que mi marido me haga daño, me humille, me pegue o me sea infiel. Donde cualquier cosa que haga o que diga pueda ser motivo para ser condenada al ostracismo.
Se puede soñar. Pero también se puede tener los pies en La Tierra.
No descarto algún día escribir sobre el nuevo milenio, sobre el año 2000 en adelante.
¡Todo se andará!
Sigamos soñando. Sigamos imaginando historias de amor.

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