miércoles, 20 de agosto de 2014

ESCANDALOSAMENTE TUYA

Hola a todos.
Aquí os traigo una historia corta que he escrito que es bastante subida de tono.
Se llama Escandalosamente tuya. 
Vemos la relación pública que protagonizan dos amantes enloquecidos por el deseo.
Esta historia tiene algunos años. Creo que tiene unos catorce años. Tiene algunos fallos. Lo admito.
Aún así, deseo de corazón que os guste.

ESCANDALOSAMENTE TUYA

ISLA BARROW, ARCHIPIÉLAGO DE FURNESS, EN EL MAR DE IRLANDA, 1875

Hay un carruaje parado en mitad de la calle. Me extraña verle. No hay un cochero. ¿Dónde se ha metido el cochero?, me pregunto a mí misma. Alexandra y yo nos acercamos al carruaje.
 A pesar del frío, a través de los cristales, se pueden ver a dos personas en el interior del carruaje medio desnudas, que no paran de besarse con ardor. El frío y la pasión empañan un poco los cristales del coche. Puedo reconocer a Penélope, que está cubriendo de besos la cara y el torso desnudo de su novio Austin; tengo la sospecha que no es la primera vez que hacen eso.
            No quiero pensar en lo que están haciendo Penélope y Austin dentro del coche de él. No quiero pensar en Penélope acariciando con sus manos el cabello negro de él mientras lo atrae hacia ella…Mientras el cuerpo de ella lo reclama…Se mostrarán voraces…Como si fuese la última vez…Hace demasiado frío como para pensar en lo que están haciendo.
              Alexandra me aleja de allí. Está horrorizada. 
-¡Penélope irá directa al Infierno!-protesta. 
-Se ha enamorado-la justifico. 
-¡Me resisto a creer que defiendas a semejante inmoral, Marianne!
                  Alexandra y yo somos hermanas. 
                  Alexandra es mayor que yo un año. 
                  Estamos muy unidas. Vivimos con nuestra abuela. Es el único familiar que tenemos. 
-Está enamorada-insisto. 
-¡Pero lo que está haciendo está mal!-se horroriza Alexandra-¡No debería de hacer eso! ¿Qué espera? ¡Nunca se casará! 

                      Estoy al tanto de la relación que mantienen Penélope y Austin desde hace algún tiempo. Un día, les vi juntos en un callejón en Steamer Street. Penélope estaba cubriendo de besos apasionados el rostro de Austin. 

            En el suelo, junto a la puerta de la biblioteca, se encuentra Penélope. Está con Austin. Los dos están muy juntitos. Él cubre de besos el rostro de ella. 
           
            Me dirijo atónita hacia el lugar donde están Austin y Penélope besándose una y otra vez sin parar, incluso mordiéndose el cuello y lamiéndose el uno al otro la cara, y Charlotte esperándome.
            Se besan de manera tan ruidosa que casi no nos oímos Charlotte y yo hablar.
            Pienso en las veces que he visto a Penélope besarse con Austin en el pasillo o en el recreo.
            Penélope habla de lo bien que besa Austin.
           
            Una cabeza de chorlito tonta (como llama mi abuela a Penélope) no sería una de las primeras de la clase. No quiere que me acerque a ella. Le escandaliza verla en casa cuando la invito. 
            Alexandra tilda a Penélope de infernal. De hecho, intenta esquivarla todo lo que puede. En cambio, como a mí me gusta su compañía, intento pasar con ella el mayor tiempo posible.
            Le digo que tiene que estar acostumbrada a oírla hablar, porque la conoce desde que eran niñas pequeñas. Alexandra cree que Penélope es un bicho. La llama así a escondidas y yo le recuerdo que también Penélope tiene el don de criticar a los que la critican. ¿O acaso Alexandra es tonta? 
            Alexandra no le hace caso a Penélope. Aunque frunce el ceño cuando mira a Penélope. Y también la critica porque es miope y tiene que llevar gafas para ver mejor. El problema está en que algunos chicos encuentran atractiva a Penélope porque lleva gafas y la hace parecer misteriosa y no faltan chicos que la besan durante los recreos.
            He invitado a Penélope a que dé un paseo con Alexandra y conmigo. Mi amiga se enfada conmigo. 
-¡Vas a conseguir que todo el mundo nos señale a nosotras también, Marianne!-me espeta. 
-A mí me cae bien Penélope-replico. 
                Penélope sabe que estamos hablando de ella. Sin embargo, finge que no sabe nada. En el fondo, no es tonta. Tengo la sensación de que le gusta que hablemos de ella. Aunque, en su fuero interno, sepa que Alexandra está hablando mal de ella. Alexandra intenta caminar lo más lejos posible de Penélope. Tira de mí para que vaya a su ritmo. 
-¡Me estás haciendo daño!-le espeto a Marianne. 
-No voy a haceros nada malo-interviene Penélope-Marianne me ha invitado a que dé un paseo con vosotras. 
-No le hagas caso a Alex-le pido-Está algo nerviosa. 
-Y yo soy la causa de su nerviosismo. 
           


            La profesora le recuerda a Penélope que está en clase de Literatura. No se encuentra en la clase de Derecho Penal, aunque no ignora que Penélope piensa estudiar Derecho. Incluso se está preparando desde hace poco. . Me pregunto de dónde saca tanto tiempo Penélope. Sale con sus amigas, va al teatro o a tomar el té al salón de té, sale con Austin, hace otras cosas con Austin…Y están sus estudios. Saca muy buenas notas. Hace todos los deberes que se le mandan. Entrega los trabajos a tiempo y muy bien desarrollados y presentados. ¡Y estudia los libros de su hermana!
               Yo me pregunto a mí misma lo mismo. ¿Dejarán que Penélope entre en la Universidad? 
            Alexandra gruñe cada vez que Penélope abre la boca porque le tiene envidia, aunque no quiera admitirlo. Junto a Penélope. Las dos se llevan muy bien y no paran de hablar.
             La idea de crear un bufete de abogados con su hermana  es lo que más ilusión le hace a Penélope.
-D & D Abogados-comenta ella.
            El apellido de Penélope es Dirby.
-¡A mí!-se entusiasma Anna, que es amiga nuestra-Parece sacado de una novela. A mí me gustan las novelas. ¡Qué emocionante! ¡Irás a la Universidad! ¡Tendrás un buen trabajo! 
                   Anna palmotea. Alexandra frunce el ceño. Nos encontramos en el jardín de la escuela. Penélope nos mira con aire soñador. Somos un grupo de chicas de diecisiete años con las cabezas llenas de sueños. 
-¿Se va a llamar así el bufete que pensáis crear tu hermana y tú?-interviene Alexandra-Puede que tengáis muchos problemas. Sois mujeres. Deberíais de pensar en buscar un buen marido. Aunque sospecho que no me vas a hacer caso. 
-Sí, porque es nuestro apellido-contesta Penélope-Nuestro apellido empieza por D.
-¿Admitiríais a algún socio?-pregunto.
-¿Masculino o femenino?-quiere saber Penélope.
            Me encojo de hombros.
-No importa-contesto-Hombre…mujer…
-No nos importaría tener socios-dice Penélope-Y tampoco nos importa su sexo. Mientras sean buenos, lo demás no importa.
-Me parece bien-opino.
-¡Qué bien!-se ríe Anna-¡Vas a ser famosa! Lo presiento, Penélope…
-¡No exageres, Annie!-se ríe Penélope-Prudence está en su primer año. Le falta mucho para terminar la carrera…¡Y no hablemos de mí, que no hemos terminado la escuela! El año que viene, terminamos. Me da pena. Es verdad. Pero hay que ser realistas. Todavía falta tiempo. 
-¡Así se habla!-exclamo-Haces bien. Tenemos todo el tiempo del mundo.
            Penélope me rodea los hombros con el brazo y me dice que no me preocupe, que hay tiempo.
-¿Qué me dices de ti, Alex?-quiere saber Penélope-¿Qué vas a estudiar? ¿Quieres ser doctora? ¿Quieres ser ingeniera?
-Nada-responde Alexandra rápidamente-No pienso estudiar en la Universidad. Es una pérdida de tiempo. Lo único que me interesa es buscar un marido en cuanto termine la escuela. 
-¿No piensas estudiar una carrera?
           Alexandra niega con la cabeza como si nada pudiese hacerla cambiar de opinión.
-No-contesta sencillamente-No.
            En esos momentos, a Alexandra no le importa la mala reputación que tiene Penélope. La ve como una igual. Como una chica con la que puede hablar.
                  Pero...Penélope está ciega. La ciega la pasión. La ciega el primer amor. 
-¿Y cómo piensas buscar marido?-le pregunta Penélope.
-En cuanto me gradúe, iré a Londres, me presentaré en sociedad, conoceré a la Reina y empezaré a ir a bailes-responde Alexandra-Y, en un baile, conoceré a mi marido. Un aristócrata apuesto y rico...
-Y te casarás con él-apunta Anna-¿No es así?
-Me casaré con él. Tendremos muchos hijos. Es lo que se espera que haga. Mi abuela no desea que la defraude. Y espera lo mismo de Marianne. 
                  Todas las miradas se posan en mí. 
-¿Y tú qué dices, Marianne?-me interroga Penélope-¿Piensas igual que tu hermana mayor?
-Sí...-contesto. 
            
            La clase de hoy de Biología ha tratado acerca de los órganos que tenemos dentro de nuestro cuerpo. El profesor de Biología nos ha explicado la función de cada uno de los órganos que tenemos dentro. Nos ha mandado hacer un dibujo de nuestro cuerpo por dentro. Tenemos que colocar cada órgano en su sitio. Después, tenemos que hacer un resumen sobre el tema. Explicar en qué consiste cada órgano. Penélope habla de que se puede saber si ha habido un homicidio o no dependiendo de la herida que presente una víctima. Nos ayudamos del libro de Biología para hacer el dibujo y también para hacer el resumen del tema.
            Termina la clase y también termina la jornada escolar. En el pasillo, se encuentra el novio de Penélope, que va a un curso por encima de nosotras, Austin. Alexandra se les queda mirando con cierta envidia. Yo procuro no mirarles y ocurre algo inesperado que hace que me olvide de Penélope y de Austin. Desde el final del pasillo, el profesor Jonathan Durham me hace señas para que me acerque a él; miro a Alexandra y me excuso con ella diciendo que no tardaré mucho. Charlotte se sienta en el suelo mientras veo como Austin y Penélope se sientan en un escalón. No pueden dejar de besarse de manera apasionada mientras toman asiento.
           
            Oímos un comentario que hace Penélope a modo de chiste, ya que acaba de bajarle la regla.
            Al comentario que hizo Penélope le siguió una queja de Charlotte, ya que la regla es un tema de conversación tabú para ella. Antes, hablar entre chicas acerca de cuando les viene el periodo era un tema tabú. Sin embargo, en los últimos tiempos, han perdido la vergüenza y se habla con gran naturalidad sobre el tema.
-¡Qué suerte!-suspira Penélope-Por lo menos, no estoy embarazada. ¡Dios mío! ¿Y cómo le explico a mamá que voy a tener un hijo? 
-Tú tienes a tu Austin-le recuerdo.
-Pero está jugando con los otros chicos.
-Ya sabes como son los chicos a la edad de Austin: idiotas.
            Penélope se ríe y afirma que, al menos, Austin hace una cosa mejor que los demás chicos.
-¿Qué es?-le pregunto.
            Penélope va hacia donde está su novio y éste la besa con pasión…¡Delante de la clase!
            Los demás estallan en aplausos. El beso dura mucho. 
             La estamos viendo cerca de la Iglesia de San Juan. Es como estar leyendo una novela romántica. A mí me gusta leer novelas románticas. Donde la protagonista es hermosa. Donde se enamora del apuesto y peligroso pirata. Donde viven felices para siempre. 
             Pero los protagonistas son personas de carne y hueso. En concreto la loca romántica de Penélope y el loco romántico de Austin.
            Penélope vuelve radiante a mi lado. Austin le ha hecho caso, aunque sólo fuera para conseguir que todo el mundo se ponga como locos. Alexandra refunfuña algo entre dientes. Tiene que ver con los padres de Penélope. 
-Lo tienes dominado-le digo a Penélope-Lo tienes bien cogido por los huevos.
-Tienes razón-se jacta Penélope-Lo tengo dominado y bien cogido por los huevos.
-¿Cuál es tu secreto?
-El sexo.
-¿El sexo?
-A los chicos les entusiasma el sexo. Y también nos entusiasma a nosotras.
-Creía que eso…el sexo…Bueno…no nos gustaba…
-Son cuentos de viejas para asustar a las chicas jóvenes. Nos gusta follar con chicos y hacer de todo con ellos. Pero hay que hacerse un poquito las duras después de hacer con ellos todo lo que ellos quieren. Es como tratar con un drogadicto que quiere su dosis diaria de heroína o cocaína. Tú eres el camello y tu coño es la dosis que los chicos quieren. De vez en cuando, tienes que subir el precio para conseguir que se postren a tus pies.
-¡Increíble!
       
            Bajamos todos al recreo a descansar; tenemos dos recreos de media hora cada dos horas, por lo que estamos más relajados.
-¡Penélope es una puta!-afirma Alexandra en cuanto bajamos al recreo.
-Creo que le tienes envidia porque Penélope tiene un novio tan atractivo como Austin y tú no lo tienes-apostillo.
-¡Eso no es verdad!
            Alexandra piensa que Penélope es una puta porque no es virgen y tampoco le importa mucho el no serlo.
            Lo cierto es que tanto Alexandra como yo envidiamos a Penélope porque ella está enamorada y nosotras…¿nosotras qué?
 -¡Es abominable!-exclama Charlotte mirando hacia un lado.
-¿El qué?-quiero saber yo.
            En un lado, en el recreo, están Penélope y Austin. Prácticamente, están follando. Y lo están haciendo a la vista de todos, como si nada les importase. No veo a ningún profesor que impida que la película erótica que están Penélope y Austin protagonizando se censure. ¡Madre mía! Veo la falda de Penélope subida hasta las caderas. Se están acariciando por debajo de la ropa. Al mismo tiempo, Penélope le está lamiendo la cara a Austin. La blusa de Penélope está medio abierta y Austin le chupa el cuello mientras ella le desabrocha la camisa y se la abre. Se besan con ardor en la boca y se recuestan sobre la hierba que crece en el patio del recreo. Austin cubre de besos frenéticos el rostro de Penélope. Me fijo en que no lleva puestas las gafas y pienso que, mientras se besaban de manera apasionada, Austin se las quitó. Veo que Austin le abre la blusa a Penélope y le besa los hombros. Ella le quita la camisa y la chaqueta a Austin, que permanece con la corbata puesta. Lame el torso de su novio mientras le oímos hacer a él ruidos raros.
-¡Qué asco!-exclama Penélope.
            Yo los miro besarse y manosearse con fascinación porque Penélope es una joven de lo más audaz. Incluso deja que Austin termine de desnudarla de cintura para arriba para besarle y lamerle los pechos delante de toda la escuela.
            Las manos de Penélope trastean en la bragueta de Austin. Él hace ademán de bajarle las bragas…Yo aparto la vista y Charlotte me aparta de allí.
-¡Vámonos!-me dice mientras tira de mí hacia el interior del instituto-¡Esto es una indecencia! ¿Dónde se ha visto semejante guarrada?-Penélope y Austin gimen-¿En el teatro? ¿Por el amor de Dios? ¡Voy a vomitar!
-Pero ¿qué hacen?-pregunto-¿Está bien?
-¡Está mal!
            Les oímos gemir con fuerza.
-¿Por qué?-le pregunto a Charlotte.
            La respuesta de ésta queda ahogada por el grito agónico que lanzan Penélope y Austin. Y también por los entusiastas aplausos que les dedican los demás.
-¿Ya han terminado?-le pregunto a Charlotte.
-Sí-responde ésta cabreada-El marqués de Sade puede haberse reencarnado en esos dos.
            Le desagrada también imaginar a Penélope en los brazos de su queridísimo Austin.

-No sé lo que pasó…se nos ocurrió de pronto-responde Penélope muerta de risa.
-Te vimos el otro día-le dije a Penélope-En el recreo…con Austin…
-¡Oh, Dios mío!-se ríe Penélope-¡Qué locura!
-Fue una experiencia tan emocionante que creo que se la contaré a mis nietos…cuando los tenga, claro-afirma Penélope.
-¿Te dio vergüenza o no?-insisto yo.
-En ese momento, no me dio vergüenza y tampoco me da vergüenza ahora-se jacta Penélope-Todo el mundo nos vio a Austin y a mí follando como animales. Pero nadie le dio importancia porque los animales también lo hacen en la calle. He visto a millones de perros follando en la calle desde que tengo uso de razón. Tuvimos un calentón, pero ese calentón se debió a que estamos locos de amor el uno por el otro-asegura Penélope.
-¿Y si te quedas embarazada?-pregunto.
-No hay problema alguno, querida-sonríe Penélope-Austin utiliza un preservativo. Y, cuando no funciona, se descarga a un lado.

                        ¡Dios mío!
                         Las tres hablamos en Island Road.
                         Nos detuvimos en uno de los muchos árboles que hay en esta avenida. Alexandra apoya la espalda contra el tronco del árbol. Está furiosa. No entiende cómo podemos ser amigas de Penélope.
                         Yo sólo sé una cosa. Siento envidia de Penélope porque ha encontrado un amor apasionado.

FIN

         

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